San Valentín sangriento

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Ciertamente es una buena noticia en los tiempos que corren el que por lo menos exista un día en el mundo dedicado al amor romántico, aunque sea por razones mercantilistas. Lograr que, al igual que entorno a las fiestas navideñas, cesen los navajazos tan queridos por los seres humanos al menos por unas horas es como para celebrarlo, qué quieren que les diga. Y si el precio de tal logro es una rosa, una caja de bombones, una corbata cutre, o incluso esas horrendas celebraciones yankis… pues bienvenidas sean. Pero el caso es que esta fecha tan señalada se está ganando poco a poco una fama un tanto siniestra, que ya se sabe que del amor al odio no hay más que un pequeño, minúsculo, paso. Y no sé si fue Al Capone, el 14 de febrero de 1929, el que inauguró la tradición sangrienta de San Valentín cuando decidió ajustar cuentas con los chicos de la North Side Gang al mandar asesinar a siete de ellos, pero de lo que no cabe duda es que Esperanza Aguirre ha seguido la tradición a rajatabla al elegir este día para darle la puntilla a un Mariano Rajoy que cada vez parece más, como decía Pedro Sainz Rodríguez de Francisco Franco, una esfinge sin secreto.

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La policía ha terminado con las aspiraciones de Rajoy en menos de un mes. Aguirre sólo es la puntilla.

Menos de un mes le ha llevado a la policía acabar con las aspiraciones del PP a gobernar España, aunque sea en minoría y fruto de la misma negociación con C’s y PSOE que dio la mesa del Congreso a éste último. El 18 de enero empezó el mes horrible de Mariano Rajoy y del PP con el desmantelamiento por parte de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil de un trama corrupta que habría estado inflando contratos y certificaciones de adjudicaciones públicas de Acuamed, el organismo del Ministerio de Agricultura encargado de promover y gestionar las infraestructuras hidráulicas de la cuenca mediterránea. Una semana después, el 26 de enero, los expertos en delitos económicos de la Guardia Civil ponen en marcha en Valencia la operación Taula contra una trama liderada por dirigentes del PP valenciano para, presuntamente, enriquecerse y financiar ilegalmente al partido en esa región durante más de una década. Y finalmente, en los compases previos al encuentro del pasado viernes entre Mariano Rajoy y Pedro Sánchez, una vez más los chicos de la UCO, que a estas alturas ya se deben de tratar de tú con los del PP, entran a la hora de comer en la sede de la calle Génova para revisar el ordenador del exgerente del PP de Madrid, Beltrán Gutiérrez, en relación al caso de la operación Púnica, compareciendo Esperanza Aguirre ese mismo viernes ante la comisión de investigación de la Asamblea de Madrid. El sector de Aguirre, tras su dimisión y la de Ignacio González anteriormente, propicia de esta manera con el sacrificio de la dama un jaque al rey más que esperado en los mentideros “populares”, en los que la figura de Rajoy es cada vez más cuestionada y en los que la mala sintonía entre Cifuentes y Aguirre, casi la misma por cierto que entre Aznar y Rajoy, es vox populi.

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Seguimos asistiendo a la misma falta de ejemplaridad en los políticos a la hora de desempeñar su cargo.

El caso es que las razones argüidas por Esperanza Aguirre para su dimisión, en su comparecencia pública, bien podría haberlas hecho suyas también Mariano Rajoy desde que allá por el 2013 la policía registrara por primera vez la sede del PP por el caso Bárcenas (“Luis. Lo entiendo. Sé fuerte. Mañana te llamaré. Un abrazo”). Frases tales como “No es el tiempo de los personalismos, es el tiempo de los sacrificios y de las cesiones” o “La gente quiere gestos y el mío es asumir mi responsabilidad política” se las tendría que aplicar a sí mismo Rajoy si es que quisiera llegar a tener una posibilidad en el futuro, tras las elecciones que vienen, de presidir un gobierno. Quizás si leyera menos prensa deportiva y más libros de Historia, cosa fundamental para aprender a no repetir los errores del pasado, se hubiera encontrado con Julio Cesar, quien dijo aquello de que “La esposa del Cesar no solo debe ser honesta, sino parecerlo” cuando se divorció de su segunda esposa, Pompeya Sila. Pero claro, a estas alturas a nadie se le escapa que cualquier parecido entre Julio Cesar y Rajoy es producto de la imaginación o de una mala química. Y no seré yo el que dude aquí de la inocencia de Rajoy en esto de la corrupción, pero desde luego sí que debe dar ejemplo y asumir las responsabilidades políticas que le tocan, dimitiendo y dando paso si no a otro candidato del PP para intentar conformar un gobierno, sí a un gobierno en minoría del PSOE con C’s que nos dé una mínima estabilidad… por lo menos durante unos meses hasta las siguientes elecciones. Al final todos se llenan la boca hablando de luchar contra la corrupción pero ninguno hace lo que debe, asumir sus responsabilidades. Ni siquiera Esperanza Aguirre, que mira que ha tardado en darse cuenta de que tenía alguna responsabilidad política en todo esto. Y casualmente lo ha hecho tras la visita a domicilio de la UCO.

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Los casos de corrupción y los imputados se cuentan por decenas en un síntoma de podredumbre sistémica.

Caso Pretoria, caso Campeón, caso Bárcenas, caso Amy Martin, operación Púnica, Aquamed, operación Taula, EREs de Andalucía, caso Mercasevilla… y decenas y decenas de nombres de más casos de corrupción que jalonan un vía crucis de la ignominia que, sin distinción de partidos y regiones, salpica a toda la que con razón podemos llamar la canalla política española. Un panorama desolador ante el cual la genial idea de los aspirantes a las poltronas gubernamentales es la de aprobar más leyes y cambiar de vigilantes, como si no se hubiera hecho antes, y sobre todo, eso sí es lo importante, ser ellos los que manejen el cotarro. Triste futuro el que les espera a los ciudadanos españoles en manos de una mediocre clase política sin altura de miras que antes habla de ministerios que de propuestas, y que son incapaces de asumir responsabilidades ante lo que ellos o sus allegados perpetran. No puede salir regeneración política alguna de unos partidos entregados a una lucha despiadada por el poder, a los que la correcta administración del Estado se las trae al pairo salvo como herramienta para conservar dicho poder. La corrupción es un problema sistémico, estructural, y mientras una reforma profunda del Estado no se acometa, por muchos partidos que se refunden y muchas leyes que se aprueben, seguiremos igual. Corruptos hasta la médula.

 

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Israel Alonso Gómez
Vicepresidente y Secretario de Comunicación y Relaciones Institucionales del Partido Libertario. Colaboro con diversos medios de comunicación, semanalmente lo hago en decisioneconomica.com.

3 Comentarios

  1. Pues la cosa es en realidad mas sencilla de lo que parece, aunque decir algo así molestará a una inmensa mayoria pero para mi es un hecho real; en España hay gran corrupción política porque España es corrupta.

    Seamos sinceros, los pequeños detalles nos delatan claramente, ejemplo, aquí una persona se encuentra algo, lo devuelve y la mayor parte de quienes le rodean le tratan de “tonto”, “primo”, “pringao”…

    Y eso es así en todos los órdenes de la vida española.

    Enfada ¿verdad?, pues sin embargo es cierto, no general, por supuesto, pero si cierto, los españoles somos bastante corruptos.

    • Gracias por tu comentario, Ramrock.

      Yo no creo que haya unos países más corruptos que otros, puesto que la corrupción no es algo genético, cultural o geográfico. Todas las personas son esencialmente corruptas, bien sea por una tendencia natural al nepotismo o por codicia. La caracerística que define el que un sistema en un país, que no sus gentes, sea más corrupto que otro tiene que ver con el poder que detenta la clase dirigente de ese país, o sea los burócratas y los políticos, de tal modo que a más poder, más corrupción. España ha venido a caer, tras 40 años de régimen franquista, corrupto, en las garras del régimen del 78 que, debido al enorme poder discrecional que ha proporcionado a los burócratas y políticos, es también muy currupto.

      La prefunta clave es ¿Podemos dejar de ser un país tan corrupto? ¡Claro que sí! Lo que tenemos que hacer es recortar el tremendo poder a los políticos y burócratas, de manera que ya nadie tenga la necesidad de “engrasar la máquina” o la oportunidad de hacerlo. A menos poder, menos corrupción. De ahí también la enorme necesidad de empoderar cuanto antes a los ciudadanos, para que el Estado esté convenientemente fiscalizado por aquellos que lo sostienen económicamente con tanto esfuerzo.

      Un saludo.

  2. Pues que te voy a decir, en este caso no estamos de acuerdo, yo creo en su mayoria, el españolito de pie es corrupto, mucho mas corrupto que los ciudadanos de otros paises y de aquellos barros vienen estos lodos.

    Se nota por pequeños detalles, detalles ademas que ya empecé a notar desde joven, como cuando, allá por 1974, con 16 años, fui a Holanda y paseando por Amsterdam vi con gran asombro que no habia la menor vigilancia en el transporte público, en muchas paradas habia maquinas expendedoras de billetes pero al llegar este, entrabas directamente, sin enseñar nada y la gente ¡¡¡pagaba religiosamente, no se colaba!!!. En esa misma época, en Madrid, los autobuses aun llevaban muchos de ellos el conductor y un cobrador dentro y tenias que pasar por ahi, en muchas cabeceras de linea, tenias que hacer cola y antes de entrar habia también un cobrador al que pagabas y aun así, en cuanto habia un despiste, los cueles eran casi obligación y precisamente, allí, en Amsterdam, varios de los españoles del viaje en cuestión (era un viaje para ver la final de la copa de Europa, consistente en pasar 4 dias en Holanda para pasar luego a Bélgica, pasar una noche, ver el partido al dia siguiente y después ya volver) en cuanto vieron, con el mismo asombro que yo, ese tema, pasaron totalmente de pagar, así, por la cara, mientras que los holandeses lo hacian religiosamente.

    Y esto era y es así, es innegable, lo siento pero es que lo he visto mucho, siempre he sido muy callejero y me lo conozco muy bien.

    Nuestra propia literatura clásica nos habla mucho de los vividores y los pícaros, nos retrata claramente.

    Por tanto, yo sigo pensando que la corrupción política no es mas que el resultado de la corrupción del españolito de a pie ¿que no se puede meter a los cuarenta y cinco o cuarenta y seis millones de habitantes que tenemos?, vale, pero en su mayoria si, y es además porque estas cosas, como colarse en el transporte público y similares, las consideramos como “chiquilladas”, no le damos la menor importancia, pero resulta que tiene mas de la que parece y es mas, en el extranjero lo saben y tenemos esa fama, la teniamos en tiempos pretéritos y la conservamos.

    Y a ver si la segunda república no era corrupta, además de totalmente entregada al comunismo, por lo que, de haber seguido, nos hubieramos tirado con casi total seguridad, mas de 40 años siendo como Rumania, Checoslovaquia o incluso la RDA, un pais satélite de la Unión Soviética.

    Hace ya varios siglos que tenemos fama de ser un pueblo de pícaros, vaguetes y buscavidas y, en mi opinión, nos lo tenemos ganado. Joderá un montón, pero para mi es un hecho.

    Saludos.

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