Rebeldes, sí, ¿y qué?

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Fanfarrones haberlos hay. Siempre los hubo, desde que al hombre se le ocurrió exhibir sus éxitos al resto de su comunidad. Pero sin comunidad y sin exhibición, no hay éxito. Por tanto, si el éxito conlleva la etiqueta de la fanfarronería, bienvenida sea. Granaíno por los cuatro costados, llegué a Madrid, recién titulado en Ciencias Políticas. También en Derecho. Comencé un máster hará unas semanas, continuando la sacra ceremonia de alguien que quiere rellenar, medianamente bien, su historial académico; por las noches, antes de irme a dormir, buscaba consultorías políticas donde poder echar mi currículum. Encontré casas de lo más prestigiosas, al menos en cuanto al márketing y bombo se refiere. Aún espero, todavía con esperanza, que algún iluminado me crea conveniente. No soy nada extraordinario, pero quizás algo más extra que muchos asalariados. Yo al menos supe con anterioridad a todos los que pretendo mis jefes, que Donald Trump ganaría las elecciones y así lo hice constar en mi Twitter ayer a las 14:21 de la tarde.

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Trump va a ganar las elecciones. La descarada conjunción “interplanetaria” por Clinton desatará la rebeldía del voto de los norteamericanos.

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Horas de análisis, anchas inversiones en medios, costos, etc. todo un ritual de quienes quieren erigirse en los que verdaderamente aciertan cuando se trata de política. Es la única forma de vencer a las firmas competentes. Sacan pecho en las tertulias analizando los resultados. Eso es demasiado fácil. De mérito escaso.

El análisis que hice fue mucho más rudimentario. Pero acerté. De pequeño, cuando mi madre me decía que no jugase con el fuego de la lumbre mientras hacían la matanza, a mí me faltaba tiempo para quemarme. Cuando me dijo que nada de política, me faltó tiempo para afiliarme al partido que creí más afín. Al elegir carrera decía, la muy querida mía, que Ciencias Políticas no, que la política era muy fea. Y aquí tiene un politólogo (aún no se muy bien para qué). Se me ocurrió, también, ir en las listas de las elecciones municipales de mi municipio. “¡Ni pensarlo! ¡te señalarán para siempre en el pueblo!”, y fui concejal. Siempre habló, mi buena madre, del asco que le producía el tabaco, y aquí un hijo fumador. Y yo, que llevo meses y meses viendo como los medios de comunicación y la Comunidad Internacional arrean a los norteamericanos a optar por Hillary, no podía equivocarme en el resultado final. La obcecación de quienes quieren mandar más de lo que deben, les ha jugado una mala faena. Ya en España les descuadraron los análisis estadísticos a quienes intentaban acertar el resultado de las Generales de junio. Ya en Inglaterra se pasaron por el arco los vaticinios, las confabulaciones, y dijeron BREXIT. Lo de Colombia fue, simple y llanamente, escandaloso. Uribe y Pastrana lo comentaban el lunes en el Foro Colombia tras el referéndum que organizara el Instituto Atlántico de Gobierno. Toda una ola mundial pidiendo el SÍ para el proceso de Santos. En el Congreso de los Diputados leyeron un manifiesto que aplaudió la unanimidad de la Cámara Baja. La Unión Europea emitía día sí y día también su apoyo al contenido de los Acuerdos. El Vaticano bendijo la función. Venezuela y Cuba fueron los testigos del matrimonio. Testigos de todo aquello que puede llegar a ser tan democrático como lo son sus regímenes. Y Colombia dijo a todos: NO.

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En EEUU, más de lo mismo. Querer convertir nuestros deseos en realidad, es legítimo. Incluso bueno. Querer convertir nuestros deseos en votos puede llegar a ser injerente, pernicioso o frustrante. En éste mundo donde la corriente dirige la dirección de todos los peces, quedan aún muchos rebeldes. Rebeldes, sí, ¿y qué?. ¿A caso podemos vapulear sobremanera la voluntad de las naciones? Los norteamericanos han hablado. Me quedaré, siempre, con la duda de si ha sido un Sí a Trump o un No a quienes querían condicionar sobremanera su libertad de elección. Me decanto más por lo segundo; porque en llevar la contraria, tengo algo de experiencia.

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Politólogo y Abogado. Actualmente estoy cursando el Máster en Comunicación Política Fundación Ortega-Marañon. @IsmaelNavas

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