¿Realmente el hombre contemporáneo es bienaventurado?

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La respuesta depende del criterio que se utilice para determinar quién es realmente feliz o no. No es una respuesta inequívoca dada la pluralidad de visiones y caminos que se le ofertan al hombre como vías legítimas de realización personal.

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Jesús oferta un elenco de actitudes o consejos prácticos al hombre de hoy. Su efectividad depende de dos cosas: 1) Si la consideración de la persona de Jesús se reduce a verlo como un buen hombre consecuente con lo que predicó, renunciamos a sacar tajada ―en el buen sentido de la palabra― a sus máximas; 2) Si la consideración de Jesús deviene en que es Hijo de Dios, y por tanto revelador de la inmensidad de Dios, sus máximas no solo las acogeremos por la consideremos buenas sino porque percibimos en las mismas la fuerza de Dios, el poder de Dios.

En este sentido, las Bienaventuranzas (Mt 5, 1-12) constituyen las máximas de Jesús que otorga a todos los hombres pero de manera particular a los cristianos. De todas las máximas de Jesús me detendré en la sexta, cuya explanación de su significado lo haré siguiendo el comentario realizado por el Papa Emérito Benedicto XVI, y si alguien quiere profundizar encontrará dicha explicación en Jesús de Nazaret.

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Afirma Jesús: «Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios (Mt 5, 8). En palabras del Papa, a Dios se le puede ver con el corazón: la simple razón no basta. La palabra «corazón» se refiere a la interrelación interna  de las capacidades perceptivas del hombre,  en la que también entra en juego la correcta unión de cuerpo y alma, como corresponde a la totalidad de la criatura llamada «hombre».

Teófilo de Antioquía († c. 180) lo expresó  del siguiente  modo en un debate: «Si tú me dices: “muéstrame a tu Dios”, yo te diré a mi vez: “muéstrame tu hombre que hay en ti”… Ven a Dios los que son capaces de mirarlo, porque tienen abiertos los ojos del espíritu…

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El hombre de manos inocentes y puro corazón, que no confía en los ídolos, ni jura contra el prójimo en falso (Sal 24, 3s), es el que percibirá las grandes de la máximas de Dios para su felicidad. Pero para ello hay que buscar a Dios, buscarlo en el interior del hombre, el camino hacia Él y en el amor al prójimo, en la justicia para con el individuo y la comunidad.

En el contexto actual: social, laboral, judicial, político, geopolítico, ambiental, cultural, etc., tan polarizado y tenso, el corazón del hombre y el sentido común reclama de parte de quienes tienen el destino de las naciones, hablar y dialogar sin dobleces ni mentiras en el marco del respeto, el derecho y la justicia.

Si eres cristiano, las bienaventuranzas constituyen tu carta magna para purificar, lavar y acondicionar tu corazón en virtud de la gracia de Cristo, para que puedas servir y vivir dando amor. Si no lo eres, al menos tienes el ejemplo de “un gran hombre” que supo ser consecuente con su predicación, pero sobre todo, optó por los más vulnerables y ello fue gracias a la pureza de su corazón. ¿Quieres cambiar el mundo? ¡Cambia tu corazón! o ¡Deja que Cristo te lo cambie! Pues, es el único camino de ser bienaventurado o como comúnmente se dice: ¡Feliz!

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Roly Gutiérrez Salazar
Roly Gutiérrez Salazar, sacerdote de la Diócesis de Almería. Estudió en el Centro de Estudios Eclesiásticos de Almería, de donde Egresó como Bachiller en Teología, siendo civilmente Lic. en Estudios Eclesiásticos. Asimismo, actualmente se encuentra Estudiando Teología Fundamental en la Facultad de Teología de Murcia, agregada la Universidad Antonianum de Roma.

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