Para paraíso….el fiscal

2

Desde el mismo momento en el que se les habló a los hombres de la existencia del paraíso surgió el concepto del infierno – o quizás fuera al revés-  pero lo importante es que la existencia de uno no se entiende sin la existencia del otro. Y aunque ambos conceptos han estado siempre presentes en nuestra cultura, el infierno siempre ha superado al paraíso en fascinación, logrando cautivar las mentes de los hombres, que han sentido una mayor atracción por pintar, esculpir y escribir sobre el temible averno.

Publicidad

Extraña, pues, que no haya sucedido lo mismo cuando nuestros vecinos franceses cometieron el error de traducir Tax Haven (refugio fiscal) por Paraíso Fiscal –Tax Heaven-, posibilitando que el equívoco también provocara el nacimiento del concepto de infierno fiscal para referirse a nuestra zona tributaria e inspirando multitud de obras cuyos temas giraran sobre el infierno que entraña ser un contribuyente aquí. Pero no. El fallo de traducción no fue ningún detonante para  una escalada de críticas sobre nuestro sistema tributario. No obstante, independientemente de la decepción en este sentido, sí me gustaría destacar lo inspirada que resultó de todas maneras la confusión, ya que ambas traducciones encajan perfectamente en la misma idea; Y es que un lugar donde no se pague a Hacienda bien podría catalogarse de refugio o de paraíso.

Ahora bien, pese a que el concepto de infierno fiscal no ha tenido el mismo éxito que de su análogo teológico en nuestra cultura, lo que realmente desalienta es que haya sucedido justamente lo contrario. Tanto los medios de comunicación, como los políticos y demás paladines del correctismo se despachan a gusto en cotilleos sobre listas de personalidades y empresas con cuentas en los paraísos fiscales, sin hacer ninguna alusión al maltrato que sufren  las personas y las empresas en este infierno fiscal nuestro. Y es que no hay tema que logre mayor unanimidad entre los agentes sociales y el extenso elenco nacional de opinadores oficiales -artistas e intelectuales incluidos- que la crítica contra la existencia de paraísos fiscales, lo que no deja de tener su gracia, toda vez que son personas de toda ideología, profesión, índole y cultura los que acaban apareciendo en las mediáticas y criminalizadas listas.

Publicidad

Lo primero que deberíamos aclarar, llegados a este punto, es que tener dinero o constituir una sociedad en un paraíso fiscal ni es ilegal, ni está mal. Estará mal, o no, y será ilegal, o no, dependiendo de cómo se haya hecho –declarándolo o no a Hacienda- y de lo que luego se haga con ello. Me temo que esta aclaración no será suficiente para desterrar la idea de que allí reside todo el mal, y lo que es peor, que ni explicando las razones que llevan a las personas o a las empresas a utilizar los servicios de un paraíso fiscal cambiará la percepción de que allí sólo envían su dinero los malévolos ricos para evitar pagar al fisco. Aun así, seré valiente -o ingenuo, según se mire- y explicaré que operar desde estos lugares dota de flexibilidad y eficiencia las operaciones comerciales internacionales, y sin su existencia, el comercio internacional sería mucho más reducido, especialmente en aquellos países en vías de desarrollo donde actúan de baluarte ante la poca seguridad jurídica. También lo suelen utilizar aquellos que quieren proteger su patrimonio ante terceros (sean estos un grupo de extorsionadores, países con poca seguridad jurídica o con gran voracidad fiscal, demandantes de pleitos por responsabilidad civil o los conyugues en un divorcio) o los que simplemente quieren invertir desde allí para obtener una mayor rentabilidad de las inversiones financieras, gracias -y bienvenida sea- a la competencia fiscal.

En fin, con pocas esperanzas de haber logrado revertir la situación, y sin querer profundizar en un análisis psicológico que nos conduzca a descubrir cuál es la causa para que la sociedad denueste el paraíso y se aferre a vivir en un infierno , concluiremos este artículo desmontando uno de sus principales argumentos: En contra de la opinión generalizada, la existencia de paraísos fiscales no nos condena a pagar más impuestos, sino justamente todo lo contrario, gracias a ellos las sociedades son más ricas y, por lo tanto,  en el reparto para sufragar los servicios públicos caben más personas, lo que nos abarata la contribución a cada uno. Sin olvidar que su existencia, además, ayuda a limitar el desenfreno tributario de los Estados.

Publicidad

Así pues, en conclusión, los paraísos fiscales no son un problema, sino una solución que nos facilita la vida en muchos aspectos.

El Club de los Viernes
El Club de los Viernes
Compartir
Jesús Sánchez Ruiz
Miembro de la junta directiva de El Club de los Viernes

2 Comentarios

  1. En parte disiento con tu apreciación. Yo creo que hay como una imposición social de lo “malo que es pagar impuestos”. Hay un capítulo de Los Simpsons (Ve a evadir impuestos a EE.UU.) donde Homero envía tarde su declaración.
    Los impuestos no son malos, los malos son los gobiernos que disponen de los importes. Porque no se trata de el que tiene más, debe pagar más o el que tiene menos, debe pagar menos, sino de un equilibrio donde los gobiernos de turnos sean responsables en las políticas tributarias que beneficien al conjunto de la sociedad.
    El esfuerzo es igual para todos, tanto para un gran empresario como un asalariado que logra un incremento importante en su nomina.
    Debemos, a mi modesto entender, cambiar esa mentalidad y que la cambien también los políticos y encontremos un equilibrio como mencioné antes.

  2. Gracias por leer y comentar el artículo. Toda discrepancia es bienvenida y su opinión respetable, como no puede ser de otra manera. Aunque nuestros conceptos sobre lo bueno y lo malo en temas de impuestos difiere, sí que coincidimos en el hecho que los gobiernos despilfarran. Un saludo.

Deja un comentario