Nos han salido ahorrativos

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Han pasado cuatro meses desde que los españoles fuimos llamados a las urnas, cuatro meses  en los que hemos sido extenuados con el juego de trileros que han mantenido los políticos, que han luchado con determinación espartana por sus poltronas. Dado el grado de filibusterismo de esta casta, como era previsible, nos vemos abocados a unas nuevas elecciones el próximo 26 de junio. Y claro, entramos en campaña y la incontinencia verbal retorna.

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Lo primero que hemos tenido que sufrirles es que, con gran histrionismo, los reproches han volado de una parte a la otra, de la otra a la una aderezando el teatro acordándose de los 130 millones de euros que se irán por el sumidero durante la campaña y comicios. No será aquí donde encuentren una justificación a estos gastos, a las subvenciones a los partidos, a los envíos de papeletas y publicidades varias. Pero tampoco será aquí donde se aplauda la demagogia y la amnesia colectiva.

Porque estos tipos tan ahorrativos, que tanto miran ahora por ese dinero que nos han incautado a todos, son los mismos que sin ruborizarse hablan de austericidio y de relajar los objetivos de déficit. Un déficit que, cabría recordarles, alcanzando 54.965 millones de euros, significaba que cada día el Estado arrojaba 150 millones diarios en pérdidas. Tanto juego de manos, tantos malabares, para que su capricho de nuevas elecciones signifique que el febrero de 2016 tendrá 30 días.

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Claro está que celebramos hasta el último euro que el Estado deje de dilapidar, pero debemos indignarnos ante tal impostura. Es una impostura porque aquel acuerdo PSOE-Ciudadanos, cuyos primeros epígrafes adelantaban la creación de todos los organismos imaginables, todavía hace temblar a los lectores que entendieron que esos pesebres los íbamos a costear entre todos. Porque esos señores de Podemos que alardean de no haber acudido a entidades bancarias para financiar su campaña, son los mismos que proponen aumentar el gasto público en 136.000 millones de euros, que según parece son minucia, y al oírles imagina uno que no se les expoliarán a los ciudadanos. Y ese PP, con el ministro Margallo recostado en su despacho hablando de la austeridad con expresiones propias de una tasca. Cuatro pueblos sí, gastando sólo 16.000 millones menos que Zapatero, reduciendo el déficit a costa de subidas de impuestos desenfrenadas.

La verdad es que tampoco podíamos esperar mucho más de unos políticos que se han acostumbrado a lo sibilino y torticero, que usan la mentira como arma común para alcanzar la mínima cuota de poder. Porque se han acostumbrado a que su parecer cambie según la dirección del viento, pudiendo hoy, sin ningún tipo de rubor, pontificar unos sobre otros por el gasto en unas elecciones que, independientemente del color que resulte vencedor, traerá a otro socialdemócrata más a la Moncloa, que el día 27 habrá olvidado la consigna del ahorro en las elecciones, para tomar trabuco y BOE, echarse al monte y continuar el expolio con las leyes a su servicio.

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Esperen y verán como los mismos que hoy dicen pensar en los ciudadanos para ahorrar migajas, serán los mismos que defenderán en meses la expansión pública, el peregrinar a Bruselas para relajar los objetivos de déficit, el aumentar impuestos a todos aquellos que se tercie y todo ello con una sonrisa de complicidad y recordándonos que tal o cuál partido fue el único que ahorró en campaña.

Así son los socialdemócratas, intentando ocultar el sol con un dedo, tan ahorradores y preocupados ahora por los céntimos de nuestros bolsillos y que, al mismo tiempo, quieren que les entreguemos la cartera entera.

El Club de los Viernes
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Alberto Martín Martín
Estudiante de Arquitectura. Socio y coordinador de El Club de los Viernes en Granada. @CdV_Granada

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