Los graves riesgos del desarraigo, las deficiencias de nuestro sistema educativo

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El hombre, ese ser desamparado que vive colgado en el Universo un breve período de tiempo como mínimo eslabón de una cadena, de la que desconoce tanto su origen como su final, y dotado de una capacidad de comprensión que le concede un conocimiento limitado de la realidad más próxima que le rodea, vive como individuo en un estado de zozobra, flotando en una existencia que no le permite sujeción en el futuro, y que tan sólo puede asirse como único punto de apoyo a sus orígenes, a sus antecedentes, a sus raíces, tanto familiares, como culturales e históricas. Si el individuo pierde este referente, queda totalmente perdido en su existencia, sin nada a lo que agarrarse, y que le sitúe y le engarce a algo en su recorrido vital. Y esto, es sumamente peligroso, pues esa sensación de desarraigo, de falta de raíces reconocibles, convierte al individuo en un ser más débil, abordable y manipulable, por una parte, y más peligroso y con mayor riesgo de comportamientos antisociales, por falta de comprensión del proyecto común y de vínculos colectivos, por otra.

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De proseguir esta dinámica, en pocos años, muchos de los seres humanos que viven en España, desconocerán de forma sistemática la historia como vivencia y proyecto de desarrollo colectivo, así como los orígenes de la lengua que hablan y sus más elementales etimologías, y por supuesto las influencias éticas y religiosas, que han desembocado y dado origen a nuestras actuales normas de convivencia.

Por todo ello, resulta imprescindible recuperar en nuestra educación conocimientos básicos en estas áreas, como son las lenguas clásicas, principalmente el latín, la historia de España, el arte y su historia, la filosofía y la ética, y por supuesto, algo que puede resultar muy controvertido y que entiendo imprescindible, como es la religión, no como dogma, sino su historia y los fundamentos del cristianismo, que ha dado origen a toda nuestra cultura occidental y a la proclamación de los derechos fundamentales del hombre y nuestras normas de convivencia. Es imposible comprender la historia de Europa y de América, así como su arte y su arquitectura, sin el conocimiento del cristianismo y su implantación y extensión. ¿Cómo explicar el románico, el gótico, nuestros principales monumentos arquitectónicos, y la pintura y la escultura, durante muchos siglos en los que los principales motivos eran religiosos? Hay que conocer las raíces con una información imparcial, no impregnada de criterios dogmáticos, y con la base de este conocimiento, el individuo podrá explicarse muchos de los hechos de nuestra actualidad, y tendrá una constancia sólida de su procedencia, lo que le conferirá mucha mayor solidez y seguridad en su existencia. Y además, aprender a tener orgullo de estos orígenes, pues el cristianismo, con todos sus defectos y conflictos en su evolución, ha sido la cultura que ha proclamado los derechos fundamentales del hombre y su igualdad en la tierra y en su destino, y atención para esta progresía mal informada, para todos sin distinción de sexo, ni condición.

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El ser humano, desconocedor de su último destino, necesita al menos conocer sus orígenes y procedencia, que le vinculen a la cadena de sus antecesores, y le permita sentirse integrado a partir de un origen común que le otorgue identidad dentro de esa experiencia colectiva, que es la vida. Nuestras actuales tendencias educativas y modas sociales, están sumiendo a los jóvenes en una profunda incultura, que desgraciadamente acarrea una pérdida de la capacidad crítica, y por lo tanto de discriminación individual frente a la información, y la posibilidad de aceptar o rechazar sus mensajes. Esto hace a las personas vulnerables, y por ende, accesibles a la mentira, la demagogia, los populismos y la manipulación. ¿Se está pretendiendo que las cosas sean así? ¿Hay intereses en construir una sociedad dócil, sumisa y necesitada de los poderes públicos para su subsistencia? Es posible que así sea, y por lo tanto necesario que los ciudadanos libres nos opongamos a estos procedimientos. Se dice que la verdad os hará libres, pero sólo el conocimiento nos permite acercarnos a la verdad, y de ella emana el ejercicio de la libertad.

Pero este hecho, que tiene una relevante transcendencia individual, no es menos importante para los colectivos, como las naciones o los conjuntos plurinacionales, que mantienes vínculos históricos y culturales. El hecho fundamental que une al conjunto es precisamente esas raíces comunes, originarias del camino posteriormente recorrido, y que han hecho que ese conjunto tenga una identidad propia y diferenciada. En el momento en que esto se pierda, y no olvidemos que las raíces de la cultura española, europea y americana, son judeocristianas, estaremos absolutamente perdidos y careceremos de identidad, y reducidos a la nada como colectivo. Pero no sólo eso, sino que seremos eliminados como tales y colonizados por otros movimientos culturales, pues la pérdida y la consecuente ausencia de esas raíces, el desarraigo, genera un vacío que en el futuro será ocupado por otra cultura, y en consecuencia, por otros mecanismos de organización social, modos de vida y hábitos. ¿Realmente tiene España y el mundo occidental, una percepción de que nuestros modelos culturales y nuestros mecanismos de organización social, deben ser sustituidos por algún otro de los actualmente existentes? ¿No creen la mayoría de sus miembros que merece la pena defender estas raíces históricas y culturales, a pesar de todas las deficiencias que en el mundo actual se puedan percibir? Porque a la hora de analizar lo negativo y las desventajas, también hay que saber priorizar, y lo propio puede ser malo, pero se atisba renovable y abierto al cambio, pero seguramente lo ajeno es peor, y lo que es más grave, con tendencia a la permanencia sin posible vuelta atrás.

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La historia y la experiencia, han puesto muchas veces de manifiesto, que aquellas culturas que olvidan sus orígenes, y renuncian a su historia y tradición, están condenadas a desaparecer. La ignorancia es la mecha que aviva estos fuegos, detengamos la ignorancia, y no juguemos con fuego.

El Club de los Viernes
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Javier Zurro
Doctor en Medicina. Profesor Universitario. Médico Especialista en Anatomía Patológica. Médico Especialista en Medicina del Trabajo. Especialista Universitario en Gestión y Dirección de Hospitales. Especialista Universitario en Acreditación de Centros y Servicios Sanitarios. Jefe de Servicio en excedencia. Ejercicio privado. Articulista ocasional en prensa.

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