El lío turco, otra china en el zapato de Bruselas

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La respuesta de Erdogan al golpe de Estado perpetrado el pasado viernes dista de lo que se espera en un Estado de Derecho, lo que amenaza con dificultar la integración turca en la Unión Europea (UE).

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De deteriorarse las relaciones entre Bruselas y Ankara las consecuencias serían perniciosas para ambas partes. Para nosotros es un aliado clave dado que controla el flujo de personas que vienen de las zonas de conflicto en Siria, Irak o Afganistán, así como para la lucha contra el ISIS. Para Turquía, por su parte, el cierre de la puerta del club comunitario daría al traste con una oportunidad de desarrollo económico.

La represión indiscriminada hacia funcionarios públicos del ejército y la judicatura ha aumentado la tensión. La purga de corte estalinista ha conducido a que la cifra de personas arrestadas supere las 6.000, lo que sugiere pensar en un golpe a medida de Erdogan para aplastar a la oposición. En modo alguno sería extraño en un individuo que posee un currículum plagado de violaciones de la libertad de expresión y asociación.

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Es evidente que la democracia no hace sino retroceder en el país otomano, la última deriva autoritaria del presidente turco ha sido sugerir el restablecimiento de la pena capital. Todo ello aleja a Turquía de los acuerdos con la UE.

Una Europa aún desnortada por la salida de Reino Unido se enfrenta a un foco de tensión diplomática a sus puertas que resulta de lo más inoportuno en el contexto comunitario actual.

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Diego Jesús Martínez García
Licenciado en Derecho. Máster en Derecho Penal. Interesado en política y economía. Creo en España y la libertad.

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