Las palabras y acciones de Jesús: ¿Transforman o maquillan nuestro vita?

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En los tiempos que corren, aunque intentemos ocultarlo, en el hombre actual existe un gran deseo incontenible por obtener una respuesta a sus aspiraciones de realización, a pesar de la emboscada consumista de marketing a la que asistimos todos los días, quienes supuestamente tienen la fórmula para dichas aspiraciones. Todos los días vemos en el Facebook, Twitter y demás plataformas sociales, en cuyas publicaciones se constata un deseo profundo de cambio, de transformación, reinvención, de comenzar de nuevo y todo ello a pesar de los grandes avances alcanzados en psicología, filosofía, antropología no son capaces de colmar y apagar la sed de realización de nuestro hombre interior.

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En este horizonte de aspiraciones Jesucristo por medio de san Mateo (4, 12-13), el gran Jefe Eterno, nos propone tres beneficios, previa validación de su mensaje, para saciar nuestra expectación de plenitud: 1) Que Jesús se establece en Cafarnaún, ciudad no bien vista por el pueblo de Dios; 2) Jesús ficha (llama) a un par de hombres para acometer unos fines; y 3) Jesús  a través de la ejemplaridad instruye o alecciona a aquellos hombre que fichó.

Cafarnaún puede ser cada uno de nosotros y únicamente cada uno de nosotros puede saber qué grado de afinidad tiene con Jesús o la ha tenido. Me atrevo a decir que mi vida es Cafarnaún pues a pesar de mi deseo de seguirle con fidelidad y honestidad, mi vida en su globalidad ha estado marcado por todo aquello que desdice a mi Maestro a mi Dios. Y no faltarán quienes digan: «Menudo pecador». Tal reproche no debe desanimarnos, pues, otros también han tenido que sobrellevar murmuraciones, es más más contra el mismo Dios murmuró el Pueblo de Israel. Nosotros no somos la excepción. Por ello, siento que me llega al corazón las palabras de Jesús cargadas de divinidad y salud, cuando nos dice: «Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos». Dicho en un lenguaje actual: «abrid vuestras venas espirituales y catad las potencialidades de vuestro hombre interior y los nuevos valores que puede asimilar». Quien no tiene deseo de ser un buen estudiante, un buen hijo, un buen marido, un buen amigo, un buen ciudadano, etc., desde luego que todos queremos ser buenos.

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La sociedad actual ha configurado una serie de especialidades cuyo beneficiario es el hombre, aunque dichas especialidades dada su especifidad han olvidado la globalidad, cuyo origen lo encontramos en Descartes, el cual afirmó que el hombre es res extensa y res mentis. Jesús ha seleccionado y aleccionado divinamente a unos hombres (Pedro y Andrés; Santiago y Juan, etc) para extirpar la angustia, la desolación, la tristeza, el vació, la falta de oriente, la falta de luz y gloria en el hombre (Is 8, 23b- 9, 3).

Finalmente, Jesús ―adelantándose a la Ley de Educación del Gobierno actual― introduce el método de formación dual.  Me explico, concluye Mateo diciendo que Jesús recorría toda Galilea enseñando en sus sinagogas proclamando el evangelio y curando toda  enfermedad y toda dolencia en el pueblo. Efectivamente, en el mundo hay tantos sacerdotes consagrados y entregados a quien les llamó, cuya relación la alimentan a través de la Palabra de Dios, los Sacramentos principalmente la Eucaristía y la Reconciliación y la oración tan esencial como imprescindible. Estos hombres que a los ojos de nuestro mundo actual son unos desfasados, antiguados, retrógrados, a los ojos de Jesucristo constituyen su ejército divino constituido y formado para transformar el corazón de todo hombre, y todo lo que hacen, no lo hacen en virtud de sus palabras sino en virtud del que lo puedo todo, de ahí que una encuesta sensacionalista los situará como los más felices del mundo.

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Concluyo con una anécdota real y bonita que me sucedió en un Hospital de Almería. Recuerdo que me encontraba en mi casa disponiéndome a almorzar, como todo mortal. Cuando de pronto me sonó el móvil y vi muchos números largos, cuya reacción en mi mente fue: “Ahora no, por favor; tengo hambre”. No obstante contesté la llamada. A lo que me dicen: «Padre le necesitamos en el Hospital, no es urgente pero hay alguien que quiere hablar con usted». No tenía opción ―pues cuando me ordené mi opción eran los que sufrían―, así que me fui a escucharle a quien me necesita. Era un anglosajón que quería reconciliarse con Dios antes de partir al Padre. Le dije que no sabía English, así que accedió a que una hermana (monja) fuera nuestra traductora. Así que comenzó a hablar y sollozar mientras lo escuchaba y me contaba toda su biografía existencial en la cual no había espacio para Dios y de lo cual se arrepentía hondamente. Le dije que si su corazón ―en ese momento» le pedía volver a Dios, el corazón de Dios aún estaba más deseoso de estar en el de él porque instalaría su tienda (templo) de misericordia y amor en su corazón para siempre. Le di la absolución y le pedí que rezará por mí. Al otro día lo vi dando un paseo en el aparcamiento del Hospital y me alegré verlo tranquilo, después pasados unos días pregunté por él. Me dijeron que había partido a donde yo sabía…, pero se ha ido feliz, aseveraron. Precisamente, esa es la misión de todo sacerdote: anunciar la felicidad que es el mismo Cristo. Porque no damos lo nuestro, damos lo que el mismo Jesucristo nos dijo: «Dadles vosotros de comer». A tenor de la anécdota real, estamos legitimados para decir que Jesús ―si se acepta su invitación de amor― transforma la vida y no la maquilla tal como lo hace el mensaje de la sociedad.

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Roly Gutiérrez Salazar
Roly Gutiérrez Salazar, sacerdote de la Diócesis de Almería. Estudió en el Centro de Estudios Eclesiásticos de Almería, de donde Egresó como Bachiller en Teología, siendo civilmente Lic. en Estudios Eclesiásticos. Asimismo, actualmente se encuentra Estudiando Teología Fundamental en la Facultad de Teología de Murcia, agregada la Universidad Antonianum de Roma.

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