Las malas ideas

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¿Lo peor de la reaparición de los populismos?

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Ni la retórica hueca, ampulosa y bolivariana.

Ni el torpe aliño indumentario.

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Ni el alegre desparpajo con el que han descubierto el cargo público.

Ni la sistemática utilización del doble estándar para justificar sus acciones.

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No.

Lo peor de la reaparición de los populismos es que han desenterrado ideas que llevaban años muertas, les han insuflado nueva vida y las han puesto de nuevo en circulación. Y ahora esas ideas andan por ahí, hambrientas, malvestidas con jirones de respetabilidad académica pero, que nadie se engañe, tan ponzoñosas y letales para una economía, para una sociedad, como lo han sido siempre.

Pequeña alegría en casa del pobre: no se trata de un fenómeno meramente español. El proteccionismo económico que predica el Frente Nacional en Francia, las propuestas de Corbyn en Gran Bretaña (imprimir dinero y nacionalizar empresas) y no pocas de las promesas de Donald Trump en Estados Unidos rivalizan en estupidez con el programa económico de Podemos (y, en bastantes casos, son perfectamente intercambiables).

Pero lo cierto es que de momento en España han vuelto a aparecer conceptos como la “nacionalización de empresas en sectores estratégicos”, “impago de la deuda pública”, “creación de una banca pública”, “impuestos a las grandes fortunas”, “fijación de precios políticos”, “reparto del empleo con jubilación a los 60 años y jornada laboral de 35 horas”, “impuestos a las transacciones financieras”, “despenalización de la ocupación de viviendas vacías”.

La aplicación de cualquiera de estas medidas bastaría para arruinar la economía española. Todas juntas producirían una catástrofe de la que llevaría años recuperarse y, desde luego, no podrían llevarse a la práctica sin un nivel de coacción política incompatible con el mantenimiento de la democracia. Tomemos una, por ejemplo. La aparentemente más inocua: despenalicemos la ocupación de viviendas vacías. Olvidemos, por ahora, las consecuencias morales que tiene la aceptación legal del robo. Acabamos de destruir el mercado del alquiler de pisos en España. ¿Quien alquilará pudiendo ocupar? Y las consecuencias de orden público serían interminables porque, imagino, la mayoría de los ocupados no se resignaría pacíficamente a quedarse sin su casa. La policía tendría que ir a proteger a los okupas.

A qué compararé la insondable iniquidad de las propuestas económicas de Podemos: imaginemos que se rompe Ud. un brazo. Mala fractura. El hueso está astillado. Acude a su médico que le dice que, en vez de inyesarle va a probar algo distinto. Altermundista y social. Va a amputarle a Ud. el brazo. Como en el siglo XIX no va a utilizar anestesia, aunque le dará un buen lingotazo de ginebra y tampoco va a lavarse las manos o esterilizar el material.

Pues el programa económico de Podemos no es menos malo, ni está menos superado por la realidad económica. Ninguna de estas propuestas ha funcionado jamás en parte alguna. La coacción sólo engendra pobreza. El socialismo ha fracasado allí donde ha sido aplicado. Una y otra vez. Una y otra vez.

El Club de los Viernes
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Humberto Vadillo
Director de Crossroad Consulting y socio del Club de los Viernes (CdV)

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