La Iglesia como Sacramento de Salvación, según W. Kasper

0

La tesis central se propone analizar y profundizar en la siguiente pregunta: ¿En qué medida la figura institucional de la Iglesia forma parte de la verdadera Iglesia, de la esencia de la Iglesia? Cabe señalar que el enfoque del que parte Kasper es distinto del de Rahner, pues éste último se pregunta si la Iglesia Verdadera estaba o no en la conciencia del Jesús histórico y resucitado. Kasper no se pregunta eso, pues, lo da por hecho. Él se pregunta si la Iglesia institucional con todas sus estructuras ha permanecido fiel a la esencia de la Iglesia que quiso Jesucristo. Ante su cuestionamiento, la respuesta se la da el Concilio Vaticano con la definición de la Iglesia como SACRAMENTO de salvación. Si es así afirma Kasper, vamos a averiguar por qué es la Iglesia lo que dice que es el Concilio Vaticano II.

Publicidad

En primer lugar, afirma Kasper que para muchos teólogos la definición del Vaticano II constituye claramente es un adorno teológico, e incluso hay algunos que van más lejos todavía cuando dicen que es una autosublimación ideológica de la realidad concreta de la Iglesia. Dichos teólogos se han decantado ―fieles a su línea teológica―, en el marco de la fase postconciliar, por el concepto «Pueblo de Dios” que, por cierto, también lo recoge el Concilio. Kasper crítica el uso desmedido e intencionado de dicho concepto teológico, pues, ha ocasionado más interpretaciones erróneas que inteligencia verdadera, es decir, una compresión auténtica y de sentido común.

Rahner también con su buen hacer teológico ha permitido conciliar la realidad de la Iglesia en su doble vertiente tanto visible como invisible respecto al mundo. Tal aportación ha sido de una trascendencia indecible, tal como se verá más adelante. Rahner salva la doble vertiente que antes he señalado en virtud de su concepto esencial de la gratuita autocomunicación de Dios  a los hombres y al mundo. De ese modo, toda la realidad (de la Iglesia) apunta a Cristo y tiene como meta la salvación. Con lo cual no resultaría difícil acertar que la Iglesia ha sido constituida como símbolo real y primigenio de la autocomunicación del Dios trinitario en la verdad y en el amor. Por otra parte, el mismo Rahner afirma que los sacramentos de la Iglesia no constituyen un ámbito especial ―lo es la Iglesia―, sino que son manifestaciones significativas de la liturgia en el mundo.

Publicidad

Una vez que Kasper ha planteado la cuestión y partido de la respuesta dada por el Concilio a su interrogante, al tiempo que ha incorporado la aportación teológica de Rahner, pasa a investigar si tal afirmación estuvo siempre en la conciencia de los Padres conciliares o es fruto de sucesivos debates y exigencias de los obispos. En este sentido, manifiesta Kasper que es útil conocer las pericias que sufrió la historia del texto de la Constitución Dogmática Lumen gentium, especialmente los enunciados 1, 9, 48, y más de paso el 59.

Nuestro autor afirma, en primer lugar, que la definición de la Iglesia como sacramento de salvación no fue algo evidente para el concilio Vaticano II.  Pues, el texto de la Comisión preparatoria, elaborado principalmente por S. Tromp, mantenía la tradicional teología escolástica, cuya teología venía a decir que la Iglesia constituía un octavo sacramento junto a los otros siete, esto se traduce en un triunfalismo eclesiológico, clericalista  y juridicista, en la cual no existía la autocrítica. Dicho en plata, que la Iglesia estaba encantada de mirarse a sí misma en el espejo y no a Cristo, su fundador y vivificador.

Publicidad

Kasper señala que para sustituir  el texto de Tromp, diversos obispos exigieron que ofrecieran  una visión más sacramental de la Iglesia, con la finalidad de superar todos los encostramientos, estrecheces y unilateralidades del concepto de la teología escolástica tradicional. Fue así que la Iglesia decidió mirar hacia la rica reflexión teológica de la patrística, la cual ―hay que decirlo― estaba arrinconada, para después confrontarla con la alicorta, estrecha y gris visión neoescolática.

Después de toda una travesía, discusiones teológicas y confrontaciones, nació una renovación, la cual venía ya apuntalada por la Escuela de Tubinga y los teólogos M. J. Scheeben y J. H. Oswald, cuyo desarrollo se produjo en el siglo XX, sobre todo, por la comunidad lingüística francesa, cuyo egregio teólogo H. de Lubac se destacó por sus intuiciones teológicas y O. Semmelrolh, K. Rahner, P. Smulders, E. Schillebeecks y otros pertenecientes a la comunidad lingüística alemana y holandesa. Dicho de otro modo, la teología del Vaticano II, ya había sido introducida considerablemente en la teología preconciliar centroeuropea.

Asimismo, señala Kasper que el borrador más importante fue el que elaboraron K. Rahner, G. Phillips. A dicho borrador la Comisión preparatoria introdujo algunos matices que consistieron en anteponer al concepto sacramento una explicación, la cual dice: La Iglesia es sigum et instrumentum, además de decir que la Iglesia es veluti sacramentum, es decir, que la Iglesia es en cierto modo sacramento, produciéndose un distanciamiento real, claro y contundente con la teología neoescolástica.

Finalmente, Kasper nos ofrece una explicación teológica del término: «La Iglesia como un sacramento de salvación», con la finalidad ―precisa nuestro autor― de evitar cualquier tipo de confusión y malas interpretaciones:

  • La definición de la Iglesia como sacramento de salvación es una de tantas definiciones, pues el concilio Vaticano II conoce simultáneamente toda una serie de aseveraciones diversas. Particularmente importante es el concepto de «pueblo de Dios», al tiempo que coexisten con él otros conceptos o imágenes referidas a la Iglesia: aprisco, rebaño, plantación, campo de labranza, edificio, familia de Dios, esposa de Cristo y cuerpo de Cristo (LG 6s). Ahora bien, el concilio Vaticano II describe a la Iglesia como mysterium, el cual siempre es inagotable de modo que no se puede encerrar en un concepto.
  • La definición de la Iglesia como sacramento de salvación aparece dentro de los textos conciliares en un contexto claramente cristológico. Se puede ver claramente esto ya en el cap. 5 de la constitución sobre la liturgia. Según este texto, Jesucristo es el único mediador entre Dios y el hombre, sobre todo mediante su misterio pascual. En este sentido, la constitución dogmática sobre la Iglesia expone esta visón. Ya en el capítulo primero de esta constitución se abre con las siguientes palabras: Lumen Gentium cum sit Christum («Dado que Cristo es la luz de los pueblos»). La razón del acento cristológico se debe a que los textos no consideran a la Iglesia como una magnitud autónoma que se asienta sobre sí misma. Al contrario, y utilizando una imagen de los padres de la Iglesia, así como la luna no tiene más luz que la del sol, la Iglesia no tiene más luz que la que Cristo irradia sobre el mundo.
  • La definición de la Iglesia como sacramento de salvación se encuentra siempre en un contexto escatológico. Según el Vaticano II, el reino de Dios resplandece en la palabra, en la obra y en la presencia de Cristo. La Iglesia representa ―no dice que lo sea― «el germen y el principio de este reino en la tierra» (LG, 5). Aun precisa más Kasper, cuando dice que la Iglesia  se encuentra bajo el signo de la salvación ya manifestada,  pero no consumada todavía. Así, la Iglesia, precisamente por su condición de sacramento de salvación, tiene que trascenderse permanentemente a sí en el diálogo, en la comunicación y en la cooperación con todos los hombres de buena voluntad.

En conclusión, en una sociedad donde se cuestiona el papel de la Iglesia, a la cual se le acusa de muy apegada a la temporalidad por un lado e intransigente, irreformable, dura por otro. Es una oportunidad para explicar cuál es su verdadera naturaleza, a quién se debe y cuál es su acometido. Hay que decirlo sin miedo, la Iglesia es de naturaleza divina, se debe a Cristo y su acometido más importante es dispensar las maravillas de Dios, pues así lo ha querido Cristo. Hoy más que nunca se necesita una Iglesia bien espiritual pero también comprometida con las causas del hombre y, en este sentido, el término sacramento de salvación encierra esa doble vocación de la Iglesia en virtud de la voluntad de Cristo. Es más, cierro con la definición que da de la Iglesia el papa Francisco en la Evangelii Gaudium, que viene de algún modo a reafirmar el significado de la Iglesia como sacramento de salvación. Ya que la Iglesia no puede salir, ni encontrar, ni dar misericordia si ella misma no se comprendiera como fruto del amor de Dios. He ahí las palabras del Papa:

«La Iglesia en salida es una comunidad de discípulos misioneros que primerean, que se involucran, que acompañan, que fructifican y festejan… La comunidad evangelizadora que el Señor tomó la iniciativa, la ha primereado en el amor (cf. Jn 4, 10); y, por eso, ella sabe adelantarse, tomar la iniciativa sin miedo, salir al encuentro, buscar a los lejanos y llegar a los cruces de los caminos para invitar a los excluidos. Vive un deseo inagotable de brindar misericordia, fruto de haber experimentado la infinita misericordia del Padre y su fuerza difusiva» (EG, 24).

Compartir
Roly Gutiérrez Salazar
Roly Gutiérrez Salazar, sacerdote de la Diócesis de Almería. Estudió en el Centro de Estudios Eclesiásticos de Almería, de donde Egresó como Bachiller en Teología, siendo civilmente Lic. en Estudios Eclesiásticos. Asimismo, actualmente se encuentra Estudiando Teología Fundamental en la Facultad de Teología de Murcia, agregada la Universidad Antonianum de Roma.

No hay comentarios

Deja un comentario