La ayuda que no ayuda

0

Hay cerca de donde vivo un par de semáforos con una particularidad. En ambos semáforos hay una persona que pide limosna. La particularidad radica en que ambos llevan ya más de 20 años en el mismo semáforo pidiendo limosna. Como son semáforos por los que paso habitualmente he visto envejecer a ambos personajes. Viéndolos uno no puede sacar otra conclusión. No han progresado nada. ¿Por qué la limosna que les damos no les sirve? Me gustaría no verles nunca más, que su vida mejorara y que no tuvieran que pasar largas horas a la intemperie entre los coches y sus conductores.

Publicidad

Su caso no es aislado. Si observamos con perspectiva no debería sorprendernos que la limosna no hace que las personas mejoren su nivel de vida ni progresen.

No es difícil encontrar casos similares. En África a pesar de las cantidades ingentes de ayuda en los últimos 50 años, la pobreza mantiene niveles demasiado elevados. Más cerca, en España, una comunidad como Andalucía, receptora de gran cantidad de solidaridad de todos es incapaz de mejorar sus datos de paro y bienestar y se mantiene como una de las regiones con más paro de Europa después de décadas de ayudas.

Publicidad

Es una realidad, los ejemplos son mucho e irrefutables, la ayuda, en forma de limosna, es decir de donativo económico a cambio de nada no sirve. Han pasado ya muchos años, suficientes para que entre todos nos demos cuenta que la ayuda no da sus frutos. ¿Cuántos años más seguiremos malgastando el dinero? ¿Cuántas décadas son necesarias para valorar los resultados de la ayuda? ¿Cuándo admitiremos que la llamada “ayuda al desarrollo” en realidad no parece traer “desarrollo”?

Ningún país del tercer mundo ha evolucionado hasta el primer mundo a base de ayuda. Existen estudios que incluso demuestra como la relación entre la ayuda y el desarrollo es negativa! Es decir a más ayuda, más pobreza.

Publicidad

La explicación a este hecho tan contra intuitivo tiene la base en la misma raíz del comportamiento humano. Para los mendigos en el semáforo lo que ocurre es que la inmensa mayoría de personas receptoras de ayuda encuentran más fácil adaptar su modo de vida a esa ayuda, por muy miserable que sea esa vida, a esforzarse por salir adelante. Si reciben 300€ a cambio de nada, viven con 300€ antes que buscar un trabajo. Para la gente que en Andalucía recibe un salario por unas pocas peonadas les ocurre exactamente lo mismo.

La ayuda genera entonces una dependencia que de hecho, esclaviza al individuo. A pesar de que nadie le obliga, la realidad es que dicha ayuda lo condena a una vida de pobreza o que en cualquier caso es mucho peor que la que él mismo podría conseguir con su propio esfuerzo.

Podríamos añadir también que este tipo de ayudas se prestan a todo tipo de engaños y corrupción con lo que muchas veces, aunque bienintencionadas, acaban en el bolsillo de las personas equivocadas.

Y, ¿cuál es la alternativa? ¿Acaso queremos dejar morir de hambre a toda esta gente?

Como siempre la alternativa la encontramos también en los ejemplos que nos muestra la realidad. En el caso de África tenemos otro continente como es Asia. No hace tanto, unos 60 años atrás Asia era un continente tan pobre como África. La apertura de las economías y el talento de los ciudadanos de muchos países de la región los ha hecho progresar hasta ocupar en la actualidad los primeros lugares entre las potencias mundiales.

En España, y más concretamente en Andalucía, hay multitud de ejemplos de individuos que con su iniciativa, esfuerzo y talento han conseguido desarrollar negocios, crear puestos de trabajo y prosperidad allí donde otros solo esperan sentados cada mes a recibir su “paga”.

¿Es que unos son más listos o están genéticamente predispuestos al trabajo y al éxito? Ni hablar. Solo el esfuerzo y un entorno de libertad donde se le permita a la persona obtener el fruto de su trabajo son suficientes para progresar. Cada uno en su medida, cada uno con sus circunstancias pero ésa y no otra es la receta para el progreso y el desarrollo.

La ayuda no sirve, ya hay suficientes datos que lo demuestran. Su efecto “esclavizante” está condenando hoy a millones de individuos a una pobreza que no merecen. Es nuestro deber acabar contra esta lacra.

El Club de los Viernes
El Club de los Viernes
Compartir

No hay comentarios

Deja un comentario