Hacia un nuevo modelo de fomento de la cultura y del Patrimonio cultural

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En este siglo XXI, la crisis económica, social y de valores que vivimos está generando una situación social muy dura, sobre todo en comparación con la bonanza en la que se ha vivido en las últimas décadas en éste país.

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Las crisis económicas, las crisis de valores y las crisis sociales han existido en todas las épocas, en todas las civilizaciones y en algunos casos han dado fin a un modo de vida, una cultura, o una civilización. No soy tan agorero con la actual como para pensar que acabe con nuestra cultura y nuestra civilización, pero si me siento lo suficientemente preocupado como para llamar la atención de que hay que hacer cambios profundos que hagan sostenibles sectores como la cultura y el patrimonio cultural. Entiendo que “papá Estado”, ni puede, ni debe dedicar recursos exorbitantes a la cultura y al patrimonio cultural, con construcciones actos y gastos faraónicos como hemos podido ver en el llamado Estado de las Autonomías.

Es notorio un paro brutal que se ceba en jóvenes y mujeres, un agotamiento del sistema tributario, que no acaba con las últimas reformas de encontrar un rumbo seguro que permita obtener el incremento de recursos públicos necesario para seguir con el nivel de gasto existente y con ello el incesante incremento del déficit público. Por otra parte el consumo de la llamada hucha de las pensiones, más otros factores y frentes abiertos han provocado que en el presente siglo se hayan desplomado literalmente los recursos para cultura y patrimonio cultural. Me da igual analizar el Gasto Público del Estado, de las Comunidades Autónomas, o de los Entes Locales, el resultado es igual: recorte drástico. No voy a criticar estos recortes, aunque en muchos casos sea fácil criticarlos.

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Voy a defender la necesidad de que el fomento de la cultura y del Patrimonio cultural sea cada vez más asumido por los ciudadanos entre otros medios a través de las entidades no lucrativas del Tercer Sector. Ello no supone que el Estado cese en su función de fomentar y proteger la cultura y el Patrimonio cultural. Proteger y fomentar la cultura y el Patrimonio cultural es obligación esencial del Estado como se afirma en el preámbulo de la Constitución y se reitera a lo largo de su articulado, de forma específica en el art. 9, 44, 46,148-17ª, y 149. Ni supone eliminar las ayudas económicas para desarrollar proyectos culturales.

Los recursos son limitados y hace falta un cambio de estructuras, en la que la participación y colaboración de la ciudadanía es básica. Ello no sólo requiere cambios legales sino una nueva mentalidad que es común en el mundo anglosajón, pero que se ha desarrollado poco en el mundo latino. Espero que el nuevo Gobierno acometa estas reformas en profundidad, creando la situación que permita y facilite el cambio de mentalidad y que la ciudadanía entienda también que la participación en el fomento, desarrollo y acrecentamiento de nuestra cultura y nuestro Patrimonio cultural es obligación de todos, que con generosidad en tiempo y en dinero tenemos voluntariamente que contribuir, en la seguridad que ello redundará en beneficio de todos y en que con ello dejaremos un mundo mejor a nuestros descendientes.

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Alejo Hernández Lavado
Profesor titular de Derecho Financiero y Tributario en la Universidad de Extremadura.

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