Decir no al mercado libre es decir no a la cooperación humana

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Muchos reivindican que las fuerzas actuales del mercado se han alejado de la esencia del ser humano y la naturaleza. Suelen hacerse afirmaciones del tipo: “el mercado o la economía domina al ser humano, cuando debería ser este quien lo dominara”. Sin razonar demasiado parecería que esto que se afirma es una verdad inmutable. Sin embargo, cabe preguntarse ¿en qué sentido el ser humano ha dejado de dominar las decisiones en el mercado?

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Para bien o para mal, el mercado (que lo integramos todos) es el fruto de las decisiones diarias del ser humano. Si acaso podría objetarse que, que unas pocas personas tomen decisiones sobre el conjunto o la mayoría de la población no es justo. Si analizamos esto último en profundidad podría llevarnos a darnos cuenta de que no son tan pocas las personas, como creemos, quienes toman estas decisiones. Por ejemplo: si pensamos en las decisiones que toma una empresa multinacional como Apple, muchos pensarán en  la importancia de las decisiones que tome el consejo (número reducido de personas) de esta empresa y como esto afectaría a la economía del resto de familias, sin embargo debemos tener en cuenta que Apple está formada por millones de accionistas que influyen en las decisiones e intentan dirigir el buen hacer de la empresa para poder seguir rentabilizando su inversión. Ahora bien, a estas acciones podría acceder cualquier persona que tenga suficiente dinero para comprar una acción de la mencionada empresa, a saber: 93,88 USD a 16 de mayo de 2016. Pues bien, no parece muy razonable decir que solo una minoría dispone de esta cantidad de dinero ahorrado para poder invertirlo.

Pero continuemos explicando en qué sentido el mercado es fruto de la cooperación humana. Debería ser, primero, evidente para el lector que el mercado no es ni mucho menos fruto del capitalismo, sino que su surgimiento está datado en el origen de las primeras civilizaciones. El mercado no es más que la forma en la que el ser humano intercambia oferta por demanda, o lo que es lo mismo, ofrece aquello que no necesita a quien sí, y a su vez recibe algo que necesita de quien no. Esta es la forma más civilizada que el ser humano ha empleado para poder prosperar: el intercambio.

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Antaño, estos intercambios se hacían exclusivamente a través del trueque pero dado que las sociedades iban progresando y sus necesidades se volvían más amplias, variadas o complejas, el trueque se tornó ineficiente por la dificultad de la doble coincidencia de necesidades.

Llegado a este punto, las sociedades empezaron a adoptar medios de pago que facilitaran el intercambio y que en última instancia estaban respaldados (dinero) por la sal, el ganado, el cacao, el cobre, etc. El caso más conocido y reciente es el oro y la plata, estos dos bienes fueron espontáneamente elegidos como el medio de cambio preferido hasta principios del siglo XX gracias a sus características (amplia demanda ornamental, resistencia contra agentes externos, gran divisibilidad, facilidad de almacenamiento, transporte, etc.). Es verdad que este patrón oro ha sido ya abandonado y sustituido por el dinero papel moneda, impuesto monopolísticamente por el estado y las instituciones financieras, esto es el Banco Central Europeo en Europa o la Reserva Federal en Estados Unidos.

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Podríamos detenernos aquí para hablar sobre los privilegios que conceden los Estados al sector financiero (algo que no es fruto del libre mercado, sino en todo caso de la decisión unilateral del Estado y las élites financieras) como puede ser la reserva fraccionaria, permitiéndole crear nuevo dinero que desemboca en una descoordinación entre ahorro e inversión (ciclo económico) o de los privilegios que el Estado recibe de este trato como puede ser el tener financiación garantizada para sus gastos (lo cual provoca inflación, es decir, impuesto oculto a los ahorradores o pérdida de poder adquisitivo de estos) pero lo que se pretende es dejar claro que mercado y dinero es fruto de la cooperación humana. De hecho, se podría afirmar que el mercado surgió así como surgió la lengua, es decir, es fruto de la civilización.

Para terminar, hay que precisar una cosa, y es que no fue hasta el surgimiento de los primeros movimientos reformistas que terminaron acabando con la Edad Media y que trajeron mayor libertad de las fuerzas externas que oprimían al individuo, cuando se consiguió un desarrollo y salida de la pobreza como nunca antes en la historia de la humanidad. Si acaso a esto último podría llamarse como el surgimiento del capitalismo, en cuyo caso, no habría porque ver a este sistema, que da y garantiza libertades civiles y económicas a las personas, con recelo, sino con, al menos, cierta simpatía ya que fue el resultado de la incesante lucha por la libertad de muchos como pudo ser la revolución francesa o la independencia de los Estados Unidos.

En definitiva, el mercado nos da la oportunidad de organizarnos libremente, de cooperar en libertad, y es allí hacia donde debemos tender y para ello debemos pedir más poder para la sociedad en detrimento del poder que ostenta el Estado.

“El mal gobierno deriva del mucho gobierno”. Thomas Jefferson

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Kevin Castro Vásquez
Kevin Castro Vásquez, estudiante de Economía en la Universidad de Almería. Defensor del liberalismo filosófico, político y económico. Influencias recibidas de la escuela Austriaca de Economía.

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