De ocurrencias y salvapatrias

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Viene siendo habitual en los últimos años, que determinados políticos, periodistas o cualesquiera personajes de la vida pública española, nos sorprendan, o al menos lo pretendan, con alguna ocurrencia que cualquiera diría que se le acaba de pasar por la cabeza y que, de pronto, la ha soltado sin pensar. Empero, si bien es cierto que algunas de estas ocurrencias causan estupor, no lo es menos, que otras provoquen la hilaridad, por lo absurdo e infantil que de por sí resultan. Sin embargo, la capacidad de sorpresa del buen ciudadano español, no había llegado a su límite hasta que no aparecieron los nuevos salvapatrias. Es decir, aquella formación política, de cuyo nombre no quiero acordarme, que pretendían reformar la política y modernizar el país de la noche a la mañana, con políticas de hace siglo y medio, ya más que fracasadas. Si acudimos a los periódicos locales de aquellos municipios en los que “gobiernan” y leemos las propuestas de estos, comprobamos que lo que antes era estupor o risa, ahora es vergüenza e indignación, por lo ridículo, en unos casos y por el abuso de poder, en la mayoría de ellos. La lista resulta infinita, casi todas de corte fuertemente intervencionista y en contra de la atracción de inversión, tanto extranjera como nacional. Estas suelen ser tales como el aumento del gasto público; subida masiva de impuestos y creación de otros nuevos; reabsorción, por la administración, de los servicios externalizados y agigantar, más si cabe, el sector público; poner restricciones y limitar los bares-terraza; colocar a sus amigos y familiares en cargos con salarios, que muy dudosamente habrían cobrado jamás en una empresa privada; instalar ceniceros-urnas en las ciudades, con el objeto de que los viandantes fumadores, no todos los ciudadanos, voten si prefieren que gane el Madrid o el Atlético la Champións; que los niños recojan colillas y papeles; que los colegios los limpien cooperativas de madres; y así, un largo etc.

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Una de las últimas injusticias propuesta por Manuela Carmena, Alcaldesa del Ayuntamiento de Madrid, es que se celebre el día sin bañador en las piscinas municipales, lo que resulta una tropelía, pues, se perjudica claramente a un sector amplio de la población. A nadie le avergüenza o moralmente le resulta reprobable, ver a otro congénere en bañador, sin embargo, al contrario, sí. Por tanto, ese día, habrá gente que no podrá acudir a bañarse a una piscina municipal, mientras que a los que no les importe, siempre podrán hacerlo. Todo ello por no hacer mención de los menores, que obviamente son los primeros damnificados. Ellos no podrán pasar un día de verano, de sus vacaciones, en una piscina pública, porque habrá gente que se encuentre igual que vino al mundo.

Con todo, esto no es ni mucho menos lo más grave. Lo peor, sin duda, es el poso rancio y dictatorial, de corte comunista, que alcanzan muchas de sus medidas y, más aún, los pensamientos que, sin ningún disimulo, hacen públicos. Nuevamente la insigne exjuez, Alcaldesa de Madrid, por la gracia del PSOE, que no de los ciudadanos, ha salido afirmando que va a instaurar un “jurado vecinal” en el que delincuentes y víctimas, según Carmena, “tienen la oportunidad de encontrarse con el entorno social donde se cometió la infracción, reconocer su culpa y acordar conjuntamente vías para restaurar el daño hecho a la comunidad”. Lo que supone una grave huida, de los tribunales ordinarios a los tribunales populares. Hecho, no solo peligroso, sino que vulnera claramente el derecho del ciudadano a un juez ordinario predeterminado por la Ley, el cual será justo e imparcial. No entraré mucho en el fondo de esta cuestión, pues no es el objeto de este artículo, baste decir que un “jurado vecinal”, no puede ser nunca imparcial, pues seguro que alguno de ellos o todos, al ser vecinos de la víctima o del infractor, lo/los conocerá, por tanto, la imparcialidad ya queda deslegitimada de base.

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Permítaseme finalizar con una reflexión al respecto. Un periodista, una persona pública en general, puede divulgar su opinión como mejor le parezca, siempre que no atente contra la integridad moral o coarte los derechos de otra persona.La libertad de expresión y el derecho a opinar y a hacer pública su conciencia y su ideología, lo amparan, y así es como debe ser. Pero un político, no es un periodista ni una persona pública cualquiera. Un político es un representante de los ciudadanos.Es, ante todo, un gestor de nuestro dinero. Debe ser una persona honorable, con gran capacidad oratoria, y, sobre todo, ha deser una persona decente, cuyo primer objetivo sea la defensa de la Ley establecida y aceptada por todos los ciudadanos y no el establecimiento de regímenes que van en contra de nuestra Constitución y de nuestras libertades.

El Club de los Viernes
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Luis Molina Aguirre
Consultor informático en una multinacional francesa, además de escritor, habiendo publicado los relatos cortos "Añoranza", "Sin inspiración" o "Último viaje", entre otros. En los próximos meses verá la luz "El tesoro visigodo". También es columnista y colaborador habitual del diario digital masbrunete.es

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