Clara Campoamor

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“Estoy tan alejada del fascismo como del comunismo. Soy liberal”, esta frase pronunciada por Clara Campoamor la define como una rebelde en un tiempo de bandos, de azules y rojos.

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Ella sabía que en aquella España había un cuarenta por ciento de malos: los azules y los rojos, y un sesenta por ciento de buenos que no querían ni matar ni morir por ninguna causa y que sin embargo se vieron arrastrados a ello.

También sabía la abogada madrileña cual sería el resultado para la historia de aquella guerra inhumana:  “La victoria total, completa, aplastante de un bando sobre el otro, cargará al vencedor con la responsabilidad de todos los errores cometidos y proporcionará al vencido la base de la futura propaganda, tanto dentro como fuera de nuestras fronteras”

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Si hubiera sobrevivido para ver las películas del cine español de las últimas décadas, habría comprobado que su predicción era buena. Sin embargo ella, que vivió el Madrid del no pasarán in situ, en primera persona; lo primero que hizo a su llegada a París exiliada fue describir una realidad bastante distinta a la que nos han contado en el cine. Milicianos con pocos ideales y mucho alcohol, indisciplinados, vagos y chulos. Utilizando sus propias palabras: “Claro que la paga de diez pesetas diarias abonada a los milicianos y milicianas, el hecho de poder presumir en la ciudad y, para algunos, el saqueo y la venganza, eran carnaza suficiente para atraer a las milicias a mucha gente que tenía que haber estado en la cárcel”. Como sería la cosa que hasta la radio de los anarquistas tenía que leer manifiestos de esta guisa: “¡Hay demasiados bares y cafés en retaguardia; demasiados autos y servicios de guardia; demasiados jóvenes que se pavonean al sol; demasiados vividores que sabotean la revolución; demasiados restaurantes superfluos; demasiada gente que tiene por misión hacer rápidos viajes turísticos; demasiados vagos y desocupados; demasiados milicianos que jamás han militado!” como lo oyen, anarquistas llamando al orden, como tenía que estar el patio.

Clara subió al estrado del Congreso a defender la justicia del voto femenino por encima de coyunturas, intereses políticos y demás ruindades. Se alinearon con ella partidos de derecha y de izquierda. Algunos socialistas votaron que sí y otros como Indalecio Prieto que no (una puñalada a la república lo consideró).

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La mayoría lo hacía por puro cálculo político. El voto de las mujeres, muy influenciadas por la iglesia católica, sería mayormente de derechas, y eso perjudicaba a los partidos del futuro Frente Popular. Pero Campoamor no sabía de intereses mezquinos, sólo de justicia.

La derecha ganó las elecciones y la izquierda nunca se lo perdonó.

La mujer que había abandonado el Partido Radical por su falta de contundencia en la denuncia de la represión del gobierno republicano de la CEDA en la revolución de Asturias, la mujer que acudió a la tierra de la Virgen de Covadonga y  el Rey Pelayo a cuidar de los huérfanos de los mineros muertos, la mujer que se afilió al Partido Radical porque era republicano y liberal, y se negó a afiliarse al PSOE precisamente porque este  no era liberal, fue defenestrada por la izquierda que la culpaba de la perdida de las elecciones del 33, hasta el punto de que el partido Izquierda Republicana le denegó el ingreso.

A pesar de todo eso, nunca renegó de ser de izquierdas, ni escatimó críticas a la derecha, aunque en la última etapa, como ella misma decía, tuvo que defender sus ideales en solitario, repudiada por los suyos. Pero con todo y con esto, tampoco se dejó nunca engañar por el mito de buenos y malos, y criticó el abandono del gobierno de la república a las ideas de la izquierda más radical, la que daba el paseíllo todos los días a ochenta o noventa personas sólo en aquel Madrid, sin que las fuerzas del orden hicieran nada por evitarlo. Clara supo entonces que ganara quien ganara, ya no habría democracia, y lo expresó así: “Se vislumbra con demasiada claridad que el triunfo del Gobierno no será el triunfo de un régimen democrático, sino el triunfo de los extremistas” y así: “¿Fascismo contra democracia? No, la cuestión no es tan sencilla, [pues] hay al menos tantos elementos liberales entre los alzados como anti demócratas en el bando gubernamental”.

En esta historia a la carta que nos han ido vendiendo, testimonios como el  de Clara Campoamor no interesan. Su libro “La revolución española vista por una republicana”, imprescindible para entender de qué va lo de la guerra civil, no se lee en los institutos.

Ya no hay políticas como Clara Campoamor. Hoy enciendes la tele y están Tania Sánchez, Cospedal y Pilar Rahola…y va…qué sé yo…yo qué sé, las comparaciones son odiosas.

El Club de los Viernes
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Samuel Vázquez
Criminólogo. Anti –ismos. Asturianu en Madrid.

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